Marihuana libre mata a los narcos

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Por primera vez en la historia de los cárteles mexicanos, merma la demanda de marihuana gracias a la legalización. Entra así en crisis un negocio de miles de millones que hasta ahora no había pasado nunca por una caída. Los datos que difundió la policía de frontera estadounidense no dejan lugar a dudas: la reducción del tráfico de marihuana en 2014 ha sido del 24% respecto de 2011. ¿Qué pasó? ¿Ahora ya nadie fuma porro? ¿Se trata de un período de detenciones particularmente eficaz?

La respuesta es más sencilla; es la legalización de las drogas livianas en Colorado y en el estado de Washington. La venta legal de marihuana no sólo creó una revolución económica que ha conllevado más de 800 millones de dólares de nuevos ingresos fiscales, sino que comenzó también a transformar la trama de la criminalidad. La crisis de las organizaciones al sur de Río Grande, las que siempre inundaron EE.UU. de marihuana, es comparable a la crisis que produjo la caída de Nasdaq. Los cárteles mexicanos nunca abandonaron el negocio de la marihuana. Todas las organizaciones que hoy predominan en el tráfico de cocaína y metanfetamina siempre han cultivado cannabis, que es al mismo tiempo fuente de un caudal económico gigantesco y tiene un exponencial crecimiento de mercado, gracias a la tolerancia cultural difundida en EE.UU..

Un ejemplo entre muchos que muestra cómo ha sido el vínculo de la marihuana mexicana y EE.UU. a lo largo de la historia: Kiki Camarena era un policía de la DEA que logró infiltrarse en los círculos narcos durante los 80: de esta manera descubrió El Búfalo, un rancho en el que se encontraba la mayor plantación de marihuana del mundo. Más de quinientas hectáreas de tierra y diez mil agricultores para trabajarlas. Por hacer que la confiscasen, Kiki fue brutalmente torturado y asesinado. La marihuana mexicana llenó EE.UU. y la mitad del planeta durante más de cincuenta años. Ahora la tendencia se está invirtiendo. Después de tantos debates ideológicos se tiene la prueba de que la legalización es un instrumento real de respuesta contra el narco-capitalismo. En Colorado y en Washington existen distintas restricciones: la marihuana puede comprarse si se es mayor de 21 años, se puede tener posesión de hasta poco más de 28 gramos, está prohibido consumirla públicamente (como el alcohol) y está prohibido conducir bajo sus efectos (suspensión de registro por un año y detención si se reincide).

Las grandes obsesiones impulsadas por los prohibicionistas contra el experimento de la legalización en EE.UU. son las mismas que siempre sostuvo el prohibicionismo europeo: aumento del mercado de consumidores, de los accidentes de tránsito, de la criminalidad. Alarmas que la experiencia real está mitigando. No ha ocurrido ninguna catástrofe. La policía de Denver registró una disminución del 4% en delitos, y ningún aumento de accidentes de tránsito (la mayor parte continúan siendo provocados por el alcohol). Eso no es todo: sustraer una enorme masa de capital a las organizaciones delictivas ha llevado a Colorado a predecir la posibilidad de incrementar las propias recaudaciones con más o menos 175 millones de dólares en los próximos dos años, mientras que el estado de Washington anticipa un ingreso de más de 600 millones de dólares en los próximos cinco años. Como si eso no fuese suficiente, parece que el Estado podrá incluso restituir una parte de los impuestos. Se debe a la existencia de una ley de Colorado que impone al Estado un límite de dinero que puede recibir por impuestos: una vez superado el límite, se debe redistribuir el dinero a los contribuyentes. Gracias a los ingresos por la compra de marihuana, Colorado reembolsará los 30 millones de dólares de excedente. Nadie recuerda que el límite fuese superado nunca, y la legalización lo ha permitido. El dinero que terminaba en el bolsillo de los narcos mexicanos y de los bancos cómplices, ahora está a disposición del Estado. Esos ingresos fiscales convencieron a otros estados a iniciar el proceso de la legalización: Alaska, Oregón, la Florida y Washington D. C. están por decidir.

Pero existe otro argumento que ha fomentado esta alternativa: los delitos asociados a la marihuana pesaban mucho en la recaudación de los estados americanos (Colorado, por ejemplo, calculaba 40 millones de dólares al año para combatir el tráfico de la marihuana y por detenciones de personas asociadas a ella). En todo caso, la mitad de la población carcelaria estadounidense está condenada por delitos de droga: el Anti-Drugs Abuse Act, con su severidad extrema no ha hecho más que reforzar el vínculo criminal entre traficantes y organizaciones. Vínculo que es necesario romper si se quiere combatir el narcotráfico antes que cargar la responsabilidad apenas en un dealer individual. El 75 % de los detenidos condenados por narcotráfico es afroamericano. La miseria y el malestar siguen siendo las minas donde los cárteles encuentran sus soldados. Pero en Europa y también en parte de EE.UU. (con algunas excepciones entre agentes de la DEA), en el ámbito de la policía se continúa sosteniendo posiciones prohibicionistas, aunque ninguna represión ha detenido la difusión de la hierba y su consumo. La pregunta es: ¿dónde se va a redirigir el porro mexicano? Destino único: Europa. Habrá entonces caída de precios y luego el asunto será comprender cómo las organizaciones criminales van a gestionar el flujo. El precio lo va a establecer el mercado, como siempre, pero estará mediado por ‘Ndrangheta y Camorra en Italia, por la mafia corsa en Francia, por albaneses y serbios en el Este.

En Italia, el 81% de las incautaciones de plantaciones de marihuana ocurre en el Sur (el Aspromonte es un territorio privilegiado de cultivo), de modo que la marihuana mexicana será el gran antagonista de la hierba italiana. La legalización no sólo está obligando a los cárteles a bajar el precio, reduciendo los beneficios. También está forzando a los cárteles mexicanos a competir con la calidad: la calidad de la marihuana legal está certificada y catalogada. Leyendo la descripción del paquete se puede conocer sus efectos y su composición. La droga ilegal traficada por los mexicanos, en cambio, tiene a menudo una calidad menor, y a un alto costo, porque contiene aditivos como el amoníaco y viene cada vez más mezclada con fibra de vidrio o lana mineral para simular el efecto cristalino que tienen algunas cualidades de la marihuana (rica en resina de cannabis). La legalización conlleva una reducción de los efectos negativos y el mercado pierde los segmentos más dañinos. México ve con buenos ojos la legalización en EE. UU. porque detiene el flujo de capital criminal que ingresa al país. El círculo vicioso es simple: de la frontera sale droga para Norteamérica, el dinero vuelve a México y luego regresa a los bancos de EE.UU. La legalización rompe este esquema. El ex presidente Fox había declarado: “El consumo de droga en EE.UU. produce miles de millones de dólares, dinero que vuelve a México para corromper a la policía, a la política y para comprar armas”. Fox, que no es exactamente alguien que haya mejorado la democracia en México, ni llevado a una mejora en el combate contra los narcos, tuvo el mérito de reconocer un punto neurálgico: el prohibicionismo estadounidense es el principal responsable del crecimiento económico de la mafia mexicana. La legalización, por tanto, está produciendo efectos inmediatos y benéficos.

Las modalidades para sustraer la marihuana a los narcos son múltiples: Colorado y Washington han legalizado y liberalizado la producción y la distribución; Alaska y Oregón van camino a una legalización como la de Colorado; Florida decidirá sobre el uso medicinal de la cannabis. Washington D. C. va hacia la legalización de la producción y del consumo, pero no quiere liberalizar el mercado, al negar autorizaciones a negocios para la distribución. Lo que mantendría una contradicción en los términos: legal comprarla y fumarla en casa, pero ilegal venderla. En todo caso, la expectativa más importante es para el 2016, año en el que California decidirá si comienza la legalización o continua por la senda prohibicionista. Si California –estado con una fuerte presencia de cárteles mexicanos y centroamericanos– da vía libre a la marihuana, el camino hacia la legalización en todo EE.UU. será definitivo.

En Europa, Italia debería estar entre los primeros interesados por la conciencia que se adquirió y por la influencia que tienen las organizaciones criminales italianas en este mercado. El primer paso de la ministra Roberta Pinotti fue proponer que el ejército produzca marihuana para uso terapéutico. Generó la expectativa de una aceleración en la legalización, pero todo se ha detenido y el debate parece agotarse en la miope y eterna consideración de que “los problemas son otros”. Mientras tanto, narcos y capos extienden su imperio. Ahora más que nunca, el prohibicionismo es su mayor aliado. Es el momento de promover la legalización como batalla de legalidad y combate contra la economía criminal, y sacarlo del debate moral, aunque este también sea necesario. Precisamente quien está contra todo tipo de droga debe apoyar la legalización.

Traducción de Andrés Kusminsky.

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